Sin eÑe: Puerto Madera y Recoleta

Puerto Madera y Recoleta


La temperatura en Buenos Aires es extremadamente alta, así que ayer opté por un refrescante  helado en Puerto Madero.
Este es el barrio más joven de Buenos Aires, justo ahora celebra su 20 aniversario. Es un pedacito de ciudad que refleja lo que muchos quieren: no hay ruidos, ni suciedad, es ordenado y dispone de amplias aceras y parques, pero para muchos porteños se trata de un barrio sin alma, sin personalidad.  A mí también me lo pareció, así que después de saborear mi helado de fresa y después de sacar la típica foto al Puente de la Mujer, decidí que era hora de visitar algo más jugoso, debía aprovechar que el sol empezaba a calmarse.
Mi siguiente destino sería Recoleta, un barrio que destaca por sus grandes espacios culturales, pero para ello debía “agarrar” (aquí nunca utilicéis coger o os mirarán mal) el bus número 100, en la Avenida Libertador. Al llegar a la parada pensé que regalaban algo, tal vez un Ipod Touch o un abanico para ese terrible calor, ¿quién sabe?… Pero no, no se trataba de ninguna promoción, era simplemente una cola de gente que esperaba el bus. Hay que decir que el transporte público en Buenos Aires es insuficiente. El Subte (metro), como lo llaman ellos, dispone de muy pocas líneas y estaciones para lo enorme que es esta ciudad, así que la única opción es el bus, al que también voy a criticar. Su estilo retro puede gustarte o no, pero lo que seguro te da rabia es la forma de pago, anticuada y sin sentido. Al entrar al bus te encuentras con una máquina fea que sólo acepta monedas, ¡y aquí hay billetes de 2 pesos (0’40 eur)! Llegué con mi billetito y tuve que bajar a buscar cambio y a formar de nuevo otra cola. Lógicamente, este modo de pago también ocasiona colas dentro del bus. ¿No sería más lógico que la maquinita estuviera fuera, y ahorrarle tiempo a todo el mundo? Respira hondo, Meritxell.
Logré agarrar el bus y bajar en la Plaza de las Naciones Unidas, donde me estiré en el césped y descubrí la flor más grande de Buenos Aires, la Floralis Genérica, de acero inoxidable y de 20 metros de altura. La flor tiene un sistema eléctrico por el cual sus seis pétalos se abren cada día a las 8 y se cierran cuando cae la tarde, según su autor, Eduardo Catalano, esto simboliza la esperanza que renace cada día.
Con esta filosofía hippie me fui feliz hacia el Centro Cultural Recoleta, donde pasé unas horas recorriendo sus laberínticas salas e intentando descifrar algunas obras de arte moderno. ¿Qué simbología tendrán varios tubitos blancos colgados en la pared? Que se lo pregunten a Gabriela Gaudín, quien decidió titular la exposición “Algo blando donde entrar”.  
Os dejo con un mini vídeo de algunas exposiciones del Centro Cultural Recoleta: “Los acerados del acero”, “Paraísos 2010”, “Mi Suecia, una visión del país nórdico”.


Me voy a comer un asado. Chao.

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