Sin eÑe: Argentina
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

Boca, Palermo y San Telmo


Conocer Buenos Aires no es tarea fácil, la capital argentina tiene tantos barrios con encanto que uno no sabe por dónde empezar.
La opción más fácil es hacer el turista y dirigirse a la zona más fotografiada de la ciudad: el barrio de Boca, sí, ese que tiene tanto color. La imagen de la izquierda es ya un icono de la capital, tal vez porque es el único barrio que no evoca a ninguna otra ciudad europea.
Al llegar a Boca me dio la sensación de estar en Port Aventura. Turistas con calcetines blancos y chancletas, siluetas de cartón en forma de bailarines de tango con agujero en la cabeza para que tu metas la tuya y te hagas la foto (pagando, obviamente), pintores que hacen caricaturas, cuatro terracitas con cazaclientes pesados que dan ganas de salir corriendo y poco, muy poco más. El barrio de Boca dispone sólo de un par de calles diminutas en las que encontrar todo lo que ya he mencionado y muchos souvenirs de Maradona, nada de Messi. ¡Cómo mínimo que actualicen!
Mucho color para sacar una foto y salir rápidamente dirección Palermo, uno de mis barrios favoritos.

Puerto Madera y Recoleta


La temperatura en Buenos Aires es extremadamente alta, así que ayer opté por un refrescante  helado en Puerto Madero.
Este es el barrio más joven de Buenos Aires, justo ahora celebra su 20 aniversario. Es un pedacito de ciudad que refleja lo que muchos quieren: no hay ruidos, ni suciedad, es ordenado y dispone de amplias aceras y parques, pero para muchos porteños se trata de un barrio sin alma, sin personalidad.  A mí también me lo pareció, así que después de saborear mi helado de fresa y después de sacar la típica foto al Puente de la Mujer, decidí que era hora de visitar algo más jugoso, debía aprovechar que el sol empezaba a calmarse.
Mi siguiente destino sería Recoleta, un barrio que destaca por sus grandes espacios culturales, pero para ello debía “agarrar” (aquí nunca utilicéis coger o os mirarán mal) el bus número 100, en la Avenida Libertador. Al llegar a la parada pensé que regalaban algo, tal vez un Ipod Touch o un abanico para ese terrible calor, ¿quién sabe?… Pero no, no se trataba de ninguna promoción, era simplemente una cola de gente que esperaba el bus. Hay que decir que el transporte público en Buenos Aires es insuficiente. El Subte (metro), como lo llaman ellos, dispone de muy pocas líneas y estaciones para lo enorme que es esta ciudad, así que la única opción es el bus, al que también voy a criticar. Su estilo retro puede gustarte o no, pero lo que seguro te da rabia es la forma de pago, anticuada y sin sentido. Al entrar al bus te encuentras con una máquina fea que sólo acepta monedas, ¡y aquí hay billetes de 2 pesos (0’40 eur)! Llegué con mi billetito y tuve que bajar a buscar cambio y a formar de nuevo otra cola. Lógicamente, este modo de pago también ocasiona colas dentro del bus. ¿No sería más lógico que la maquinita estuviera fuera, y ahorrarle tiempo a todo el mundo? Respira hondo, Meritxell.

PN y PP en Buenos Aires


Ya he aterrizado en el último destino de esta intensa vuelta al mundo: Buenos Aires.
La ciudad argentina también se presenta intensa, es la capital de Borges, del asado, del tango, de Mafalda, del acento boludo, de Maradona, de Messi y la capital del Libro 2011… ¿intensa o no? Hay tanto por descubrir en esta enorme ciudad latinoamericana, más parecida a cualquier ciudad europea, que mis sensaciones también son intensas, tanto que llegan incluso a ser ambiguas. Por mi cabecita desfilan unos pensamientos contrapuestos que dialogan y discuten entre ellos:
Pensamiento Positivo (PP) con acento argentino: Ché, ¿viste que ciudad más bella? Aprovechá, tal vez no volvés nunca.
Pensamiento Negativo (PN): ¡Pues vaya ánimos me das para ser el positivo! No quiero pensar que no voy a volver nunca… no quiero pensar en dejar de viajar.
PP: ¡Pero vos sos una boluda! No querés pensarlo pero lo estás haciendo… Dejá ya las tonterías, bebéte un vino y bailá un buen tango.
PN: No sé bailar tango.
PP: Pos aprendé, para algo estás acá, acompañame y te enseño…
PN: Eres un pensamiento, no puedes enseñarme a bailar tango. De hecho, ni siquiera eres argentino, no sé que porque hablas así. ¡Lo haces fatal!
PP: Creeme, sos cansina y reaburrida.
En el metro…
PN: ¡Qué gente tan estresada, qué movimientos tan rápidos! De aquí diez días estaré como ellos…
PP: ¿Querés un asado? Seguro que te dará energía.
PN: Demasiado calórico… Estoy a dieta.
PP: Dale, dale… lo que estás es enferma. ¿Desde cuando hacés dieta? No mientas. Ché, de verdá, haceme caso, estás reloca. Ve al museo Malba, empapate de la historia, respirá profundamente, mirá los colores, escuchá la música, comé alfajores, tomá el sol en un parque…
PN: Si tomo el sol, lo echaré más de menos en Barcelona. Allí hace un frío terrible.
PP: Pos comprate un poncho. ¿Que querés que te diga?
PP y PN estuvieron día y medio así, discutiendo inútilmente, perdiendo el tiempo y dejándome, sinceramente, reloca. Pero si hay algo que he aprendido durante el viaje es que siempre aparece un alma bendita, una de esas personas que, caídas del cielo, se cruza en tu camino para ayudarte y darte otra visión, una visión más shandy.
Pollito es un colombiano que lleva cinco años viajando, buscándose la vida y peregrinando por el mundo. Es un sabio (aunque se haga llamar Pollito). Con él compartí un vino tinto de variedad Malbec, riquísimo, y me sentó de maravilla. ¿De qué sirve tener a esos dos locos en la cabeza? Los he despedido (ahora que está tan de moda) y me he puesto las pilas. Pienso aprovechar esta hermosa ciudad como si me fuera la vida en ello. Más que nada, porque si cualquier argentino se entera de que hay un PN desaprovechando la capital más bella (y con más bellos) de América Latina…¡lo re-mata! (o lo re-despide).