Sin eÑe: Londres
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Londres, para todos

Esta es la tercera vez que estoy en Londres pero he vuelto a perderme. La magia de esta enorme ciudad reside en su capacidad de recibir al turista, las veces que ella quiera, con alguna novedad, cambio, sorpresa o, simplemente, con algo que desconocía.
Londres está hecha para todos. Como diría el anuncio de una bebida que no sé si puedo nombrar: “para los altos, para los bajos, para los gordos, para los flacos (…) para todos”.

El British Museum, el Victoria & Albert, el Tate Modern o sus más de 300 museos te invitan a pasar un día cultural. Será imposible que no encuentres aquella prenda o objeto que tanto deseas en Londres. Paséate por Camden Town, Spitalfields, Brick Lane, Oxford Street, Portobello o cualquiera de sus múltiples mercados, seguro que la encuentras. ¿Quieres que todo el mundo en Facebook sepa que has estado en Londres? Tranquilo, puedes hacerte las fotos en el Big Ben, en las cabinas rojas, con los soldaditos en el Buckingham Palace e incluso desde lo más alto, en el London Eye. Si lo que buscas es buena música, la Brixton Academy o London Astoria continúan desafiando al tiempo como cabezas de cartel. Londres sigue siendo una fábrica de música, de géneros y de estilos, siempre está en evolución: Jazz, Rock, Ska, Pop, Reggae, Indie. ¿Qué te apetece hoy para comer? Da igual, recuérdalo: “para todos.

Pero lo mejor de todo es que la ciudad se está poniendo todavía más guapa. El 2012 está cerca y con él los próximos Juegos Olímpicos, así que Londres ya está entrenando. Uno de sus ejercicios diarios tiene lugar en Strarford, donde se está construyendo el nuevo estadio para las Olimpiadas. Eso beneficia a su vecino Hackney, uno de los distritos más pobres de Londres.

Hackney está desarrollándose como un distrito “trendy”, moderno, con estilo. Mucha gente joven se está desplazando al norte para competir con las zonas de Shoreditch o Hoxton, al suroeste de Hakcney. Estas dos últimas, empapadas de artistas, pubs, restaurantes y vida bohemia. Hackney está de moda, en breve saldrá en las guías como lugar imprescindible. Y es que Londres no para de crecer. Normal que esta mañana me perdiera.

London calling

Hay días que no sabes qué escribir, hoy es uno de esos. Pero tengo un motivo, lo puedo justificar. Esta mañana he salido sin ningún plan, me he dejado llevar. Londres es así, puedes callejear sin rumbo, siempre encuentras algo.
Esta mañana, después de un buen desayuno (me habitúo rápidamente a las costumbres del país que visito) he decidido bajar en Tottenham Court Road, por lo que he terminado haciendo la visita obligada al British Museum (entrada gratuita).

Puede quedar pedante, lo sé, pero todo me ha parecido muy reciente. El British Museum tiene joyas de todo el mundo, excepto británicas. Espacios y departamentos dedicados a la antigua Grecia, al antiguo Egipto, a la Roma imperial…. Hay que reconocer que sus colecciones mundiales son asombrosas, pero claro, acabo de llegar de esas tierras. Me resultó más atractivo ver las piedras en su lugar de origen. Aunque estoy segura de que muchas de ellas ya se sienten completamente british. Este debe ser el caso de la Piedra Rosetta. Sinceramente, creo que si le preguntas, ella te dice que nació en el Reino Unido… Yo no le he preguntado nada y he salido a los 40 minutos del gran edificio para dirigirme a un lugar auténticamente british, el Covent Garden. En su Piazza siempre hay algún espectáculo del que gozar. Yo y unas 150 personas más (eso es lo que he calculado), nos hemos dejado entretener por un mago más que gracioso. Después me he comido una crepe de chocolate. Es algo inherente a la visita, si vas a Covent Garden terminas comiendo algo dulce. De hecho, ahora que lo recuerdo, podría decir que este antiguo mercado victoriano huele a chocolate. Podría oler a muchas otras cosas, pues es un mercado repleto de boutiques, restaurantes, pubs, patios interiores… pero no huele a nada de eso.

Y como buena mujer que soy, no me canso de los mercados ni de las tiendas. Así que tiro porque me toca y me planto en Camden Town, distrito famoso por albergar uno de los mercados más extravagantes de Londres. Cybers, punkies, góticos, rockabillies, poppies, rastafaris y personajes excéntricos pasean por sus calles de todos los colores. Camden Town es un escaparate de combinaciones imposibles. Como el álbum de la banda británica The ClashLondon Calling“, una mezcla de estilos únicos.

Una de las tiendas que sorprende al turista es Cyberdog, de estética cyberpunk. Esta tienda que parece una nave espacial tiene dos plantas dedicadas a ropa y complementos fluorescentes, está llena de luces y flashes y una música trance a todo volumen te hace “flipar”. No vengas aquí con dos copas de más, seguro que crees estar en un after.



Después de la fiesta en Cyberdog y cansada de tanto turista, el Underground me ha llevado hasta un Liverpool Street repleto de ejecutivos tomando su merecida cerveza de fin de jornada. He continuado mi paseo hasta la zona de Brick Lane, y, no cansada todavía de tiendas, he entrado en varios locales vintage. No deja de sorprenderme que una prenda de segunda mano y descolorida te valga el doble que una nueva. Pero, así es la moda, incomprensible.

Entonces me he indignado y he decido parar de mirar tiendas. Uno de los restaurantes más curiosos de la zona de Brick Lane es el Rootmaster, un “Bustorant”, como lo llaman ellos, pues es el típico autobús británico habilitado como restaurante. The Vibe Bar tiene las mejores butacas de la zona e invita a relajarte mientras escuchas música en directo. Una buena de forma de terminar tu día en Londres.



Por cierto, suerte que no sabía qué escribir. Menudo rollo.

¿Será feo Bansky?

El arte callejero es algo que da personalidad a una ciudad. Cuando paseas por sus calles y ves un grafiti puedes descubrir algo más de ella o, simplemente, hacerte una idea de cómo son sus artistas, en el caso de que los haya.


En entradas anteriores, publiqué una en la que hablaba de la suciedad y grafitis de Roma. Esta ciudad está manchada, sus grafitis son sucios. Sin embargo, algunas son reconocidas mundialmente por su arte callejero. Ese es el caso de Londres que cuenta con uno de los más emblemáticos artistas urbanos, Banksy.

Banksy es un crítico de la sociedad británica y su obra, desvergonzada, provocadora e irónica, es ya todo un icono de la cultura y arte undreground londinenses.
Su obra se remonta a los años 90 cuando el artista empezó a pintar por las calles de Bristol. Poco después, sus obras más irreverentes lo llevaron a exponer en museos y galerías tales como Tate Modern, MOMA y Museo Americano de Historia Natural, entre otros. Uno de sus murales más conocidos y comentados es el que realizó en 2005 sobre el Muro de Cisjordania, construido por Israel.

Caminando por las calles de Londres puedes ver todavía muchas de sus obras, y digo todavía porque muchas de ellas han sido destruidas por el Gobierno Británico. Algo que no tiene mucho sentido sabiendo que distintos museos y galerías se las rifan. Incluso varios famosos han pagado auténticas barbaridades por un cuadro de Banksy. Kate Moss, por ejemplo, reconoció comprar uno valorado en 140.000 dólares. Por cierto, a la pobre se lo robaron hace tres meses en su mansión de Nueva York. ¿Tal vez haya sido el Gobierno Británico para recompensar sus pérdidas?

El último reto de Banksy ha sido un documental titulado “Exit throuht the gift shop”, que llegará al Festival de San Sebastián el próximo mes. Una película en clave de humor sobre el arte callejero en las últimas dos décadas.

La identidad de este artista es uno de los secretos mejor guardados del arte británico. Nadie le pone cara a Banksy, en Internet sólo podrás encontrar sus obras, jamás su fotografía. Hasta el momento nadie ha logrado sacarle una, o tal vez no interese. ¿Será feo Banksy?

Con un poco de suerte, en el Festival de San Sebastián algún buen paparazi consiga un robado. Esperaremos hasta entonces.

Los pilares de Canterbury

El año pasado conocí a Tom, un inglés que vivió en Barcelona durante varios meses.

Ayer decidí hacerle una visita, esta vez en su tierra. Tom vive en la ciudad costera de Folkestone, al sureste de Inglaterra, pero nuestra cita tuvo lugar en Canterbury, ciudad a 90 kilómetros de Londres.

El mayor tesoro de Canterbury es su enorme catedral, foco de la religión anglicana. Es la sede del arzobispado de Canterbury, líder religioso de la Iglesia de Inglaterra. Una de las historias más oscuras de esta catedral fue la decapitación del arzobispo Thomas Becket, en el siglo XII. Este suceso se puede revivir en la novela histórica “Los pilares de la tierra” del autor británico Ken Follet.

La Catedral de Canterbury, de estilo gótico inglés, es realmente impresionante. Mientras estábamos en el claustro revivíamos las historias de la Inglaterra medieval. Tom de eso sabe mucho, yo me limité a escucharle y prometerle que me leería la novela de Ken Follet, aunque, sinceramente, siempre me dio pereza empezar a leer ese gran ladrillo de seis capítulos.

Al ver que las historias de arzobispos, la arquitectura gótica y la iglesia anglicana llegaban a aburrirme, Tom decidió dar un giro para contarme una historia realmente atractiva: la caza de brujas de Canterbury.

Paseando por las exquisitas calles adonquinadas, me obligó a parar y hacer una foto a uno de los canales que rodean la ciudad. Despúes me preguntó: “¿Qué ves en él?”. Ingenua, contesté: “agua”…. Despúes de reírse, me pidió que me fijara atentamente y fue entonces cuando descubrí que había una silla de madera a lo alto del canal. Al parecer, en la época medieval, esa silla servía para sentenciar a las posibles brujas de la ciudad. Cuando una mujer era sospechosa de practicar brujería se la obligaba a sentarse en la silla y, posteriormente, se la sumergía durante un tiempo dentro del agua. Si la mujer moría, lógicamente no era bruja. Si sucedía lo contrario confirmaba su secreto y se la quemaba. Es decir, si por algún motivo te acusaban, lo mejor que podías hacer era salir corriendo. Tenías dos opciones, morir ahogada o bien quemada.

Si esta historia estuviera incluida en “Los pilares de la Tierra” las posibilidades de leerme la novela serian mayores.

La guerra perdida contra las palomas

La National Portrait Gallery exhibe una fotografía de 1948 de Elizabeth Taylor posando con las palomas de Trafalgar Square, en Londres. Si ahora la actriz quisiera hacerlo de nuevo, debería ir a Barcelona, pero la cuenta atrás ha empezado. Y no sólo por la edad de Taylor.


Barcelona sigue los pasos de Londres y la Agencia de Salud Pública de la capital catalana ha decidido doblar las capturas de palomas de la ciudad, especialmente en algunas zonas de Ciutat Vella.

Londres declaró la guerra a las palomas hace unos años. El alcalde Ken Livingstone fue quien prohibió en 2003 la venta de alimentos para palomas en Trafalgar Square y se presentó con un par de halcones para asustarlas. La cosa no fue mal del todo, los halcones fueron efectivos y a día de hoy el número de estos pájaros en la plaza se ha reducido considerablemente. Pero yo diría que sólo ahí, por el resto de la ciudad puedes seguir compartiendo banco con más de una. Londres sigue invadida por esas “ratas voladoras”.

Así que la cosa no parece fácil. Londres lleva ya varios años intentándolo, pero los turistas siguen alimentándolas o mejor dicho cebándolas. He llegado a ver alguna con varios quilos de más. ¡Qué horror! ¿Serán las calorías de la comida rápida inglesa?

Me queda el consuelo de que en Barcelona mantendrán su peso ideal gracias a la comida mediterránea. A no ser que realmente logren eliminarlas, cosa que dudo.

Marmite, Love it or Hate it

Uno de los productos más populares de Inglaterra es el Marmite, una especie de pasta saborizante que se emplea normalmente para untar tostadas. Es pegajosa, oscura y de olor fuerte. Vamos, que a primera vista no resulta muy apetecible. El marmite levanta pasiones, de hecho el eslogan de la marca es “Love it or hate it”. Lamentablemente, yo soy de las segundas.


Pero tengo buenas noticias para los primeros, el producto ya dispone de website en Internet dónde encontrar varias recetas con esta peculiar pasta.

Hey mate, let's go to London!

Seguro que conoces a alguien que ha vivido durante un tiempo en Londres. Esta ciudad sigue siendo uno de los destinos favoritos de los jóvenes del mundo. Cuna de la vanguardia musical, de la moda y cultura underground Londres te promete diversión, oportunidades, descubrimiento y mezcla. La ciudad reúne una variedad increíble de culturas y las hace suyas. Cuando alguien pisa Londres ya es un londoner, resulta muy sencillo conectar con la ciudad.


Londres mola. Ponte unas gafas de colores, unas botas extremadas o cualquier modelito imposible. Puedes incluso remover en el armario de tu abuela, seguro que alguien te dice que eres muy “cool”. Nunca desentonas, te lo prometo. Si no me crees, compruébalo.