20:30 h. Llegada al Aeropuerto Internacional de Nairobi (Kenia). Empieza la gran final. La cola del control de inmigración es increíble, mis nervios afloran, me voy a perder el partido. Observo la lentitud que invade el momento, todo se ralentiza.
Por suerte veo que hay una pantalla de televisión que retransmite el duelo. Los kenianos siguen tomándoselo con mucha tranquilidad y eso me permite seguir, en un ambiente que jamás hubiera imaginado, la primera parte. La roja domina, pero no hay suerte, el gol no llega.
Es mi turno, debo plasmar mis huellas dactilares, una a una, las dos manos. El momento me parece eterno. Lo paso sin problemas y me dirijo a recoger mi equipaje. El caos que reina en las cintas transportadoras me hace olvidar el partido y preocuparme por la posible pérdida de mi mochila. Después de hablar con varios trabajadores, la consigo.
Tengo una nueva misión: encontrar alojamiento lo antes posible para ver a España ganadora. Negocio rápidamente taxi y hotel con una mujer peculiar. Misión cumplida, llego al hotel, afortunadamente el gol no ha llegado y la prórroga me regala el gran momento. Iniesta nos lleva al éxtasis.
Soy la única española gritando de alegría. Aunque no estoy sola, una bufanda me ha acompaña en este momento. Según dice su propietario es la bufanda de la suerte. La conseguí en el primer trueque de Johannesburgo, un día antes de ser campeones. El trueque ha dado sus frutos: tenía razón Manu Carreño. Ya somos ganadores!
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La bufanda de la suerte
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Meritxell Martorell
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Las dos caras de Johannesburgo
La ciudad mediática
Johannesburgo se ha vestido de gala, la mirada internacional se centra en ella. Aunque muchos cuestionaban su capacidad para organizar el evento deportivo más importante del mundo, la ciudad ha mejorado sus infraestructuras y se presenta como una ciudad moderna y avanzada.
La Plaza de Nelson Mandela, en el centro financiero de Sandton, acoge a los cientos de aficionados españoles que aspiran a cumplir un sueño: ganar el Mundial Sudáfrica 2010.
Coloquialmente denominada Joburg por los sudafricanos, la ciudad muestra su otra cara. El protagonismo del mundial difumina una realidad muy latente: los extensos suburbios marginales. Calles desiertas, alambradas y vallas electrificadas confirman la psicosis colectiva por la inseguridad.
Johannesburgo se ha vestido de gala, la mirada internacional se centra en ella. Aunque muchos cuestionaban su capacidad para organizar el evento deportivo más importante del mundo, la ciudad ha mejorado sus infraestructuras y se presenta como una ciudad moderna y avanzada.
La Plaza de Nelson Mandela, en el centro financiero de Sandton, acoge a los cientos de aficionados españoles que aspiran a cumplir un sueño: ganar el Mundial Sudáfrica 2010.
La otra Joburg
Coloquialmente denominada Joburg por los sudafricanos, la ciudad muestra su otra cara. El protagonismo del mundial difumina una realidad muy latente: los extensos suburbios marginales. Calles desiertas, alambradas y vallas electrificadas confirman la psicosis colectiva por la inseguridad.
Cierto es que Johannesburgo es una ciudad peligrosa, pero también es cierto que hay muchas personas dispuestas a regalarte una sonrisa.
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