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GREEN CARD LOTTERY


Cada año Estados Unidos abre su programa de lotería de visas de diversidad (DV) y otorga 50.000 visas  (Green Card) a personas de todo el mundo. Así pues, todos los ganadores reciben un permiso de residencia permanente en EEUU que los autoriza, tanto a ellos como a sus familiares, a vivir, trabajar y estudiar como un americano más.

Ayer recibí un mail en el que me daban el notición: ¡Había sido una de las ganadoras!  Lógicamente, después de ganar una vuelta al mundo, me lo creo todo. Me pareció un poco extraño porque apliqué hace un par de años, pero no perdí la esperanza.

Releí el mail, me fijé en los datos del remitente y en el logo, todo parecía oficial. Pero tenía la mosca detrás de la oreja, algo no me parecía lógico. Aseguraban que para terminar con el proceso y tener mi Green Card en el monedero debía hacer un ingreso de 814 dólares, a través de Western Union, a nombre de John Hosking, agente de la embajada de EEUU en el Reino Unido. ¿Y por qué en el Reino Unido? ¡No man, that’s not true, you are cheating me!

Y efectivamente, timo timazo. Aunque el mail lo escribían desde el supuesto Departamento de Estado, yo apuesto a que era un reptiliano que se dedica a ganar dinero con fraudes como este. Lo más lamentable es que alguien seguramente cae en la trampa. No, nadie puede ser tan tonto.

El lugar oficial donde aplicar e informarse de la Green Card Lottery es este:
http://www.travel.state.gov/

Y nunca, nunca jamás, os darán la noticia vía mail. Así que cualquier correo que recibáis, ni caso, debe ser el tal John Hosking, reptiliano malo, muy malo, tanto como Diana de Visitantes.

American Slang

Sigo empeñada en hablar como ellos, o como mínimo en entender todo lo que dicen. La mejor opción para empezar a hacerlo es aprendiendo algunas de las palabras del lenguaje coloquial, el “slang” o “street talking” americano.  He salido a preguntar cuál es la palabra favorita de los neoyorkinos. ¿Cuál es la tuya?



Disparando con una AK-47

Puede que este vídeo sea impactante en nuestro país, pero en Estados Unidos las armas son parte de la cultura. Para muchos americanos ir a disparar con los amigos es tan sólo una actividad de fin de semana, para mí ha sido una experiencia al límite.


Little Havana

Aunque todavía no he llegado a Cuba ya estoy empapada de su sabor. Little Havana es la zona encargada de reproducir una pequeña parte de este país caribeño en los Estados Unidos.
Este histórico barrio, situado al suroeste de la famosa Calle 8, es el corazón del exilio cubano desde principios de los años sesenta, cuando los primeros emigrantes recrearon el estilo de vida de su país natal, asentando comercios y restaurantes propios de la capital cubana. Esta primera comunidad fue acogiendo y apoyando a las diferentes oleadas de exiliados cubanos como los batistianos en 1959, profesionales en 1961, marielitos en 1980 y balseros desde el 1992. Hoy en día Little Havana agrupa a poblaciones de diferentes partes de Latinoamérica, pero la más fuerte sigue siendo la cubana.

El último viernes de cada mes se celebra el Viernes Cultural, donde las pequeñas galerías abren hasta tarde e instalan paraditas de artesanía cubana en la calle. Señores con guayaberas (camisa tradicional cubana), terrazas con fuerte aroma a café cubano, tiendas de puros y carteles en español te transportan al país caribeño. Por la zona también hay lugares míticos como el Parque Dominó, el teatro Tower Theatre (el primero en ofrecer películas en español) o el paseo de las estrellas hispanas al más puro estilo de Hollywood boulevard, con Andy García y Gloria Estefan como anfitriones.

Cayo Hueso

Los Cayos de la península de Florida son islas tropicales que antiguamente servían de refugio para los pescadores, piratas y buscadores de tesoros.

La isla de Cayo Hueso (Key West en inglés), situada al extremo sur de la península, fue una zona habitada por piratas y revolucionarios que sobrevivieron a diversos ciclones. Hoy en día es una de las ciudades más turísticas y atractivas de la zona, con una vegetación tropical nada común en el resto del país y con una de las poblaciones más apasionadas y sonrientes. Los habitantes de Cayo Hueso se diferencian del resto de americanos por su estilo de vida Lait Back, tranquilo y relajado. Aquí no hay estrés, no hay móviles sonando continuamente ni gente trajeada que va estresada al trabajo. En Cayo Hueso encuentras diversión, gente informal que viste bermudas y chanclas y que, con copa en mano, asegura que beber es el deporte nacional.

El escritor Ernest Hemingway vivió durante un tiempo en Cayo Hueso, donde todavía hoy se respira un aire bohemio y artístico que incita a la inspiración, especialmente en el museo “Hemingway House” o en el Muelle de Mallory Square, donde una hora antes de la puesta de sol, se reúnen varios artistas que ofrecen sus mejores actuaciones para disfrutar de un sunset musical.

Si paseas por Cayo Hueso debes degustar el sabor cubano en uno de sus múltiples restaurantes y empaparte de historias de piratas visitando alguno de sus museos. Pero si lo que prefieres es inspirarte al más puro estilo Hemingway siempre puedes alquilar una barca e intentar pescar algo más de lo que logró el protagonista de “El viejo y el mar”.

No sólo Miami Beach

Llegar a Miami es sinónimo de vacaciones. Esta ciudad te obliga a vestir tirantes, pasear por sus playas y visitar algunas de sus discotecas. Si no lo haces, no lo saborearás como se merece.

Aunque en un principio pueda parecer superficial, y en muchas ocasiones lo sea, Miami no sólo es Miami Beach como muchos turistas creen y se limitan a conocer. Con un total de trece distritos, cada uno con su estilo y personalidad, la ciudad tiene muchos rincones por descubrir.

Los barrios más históricos y tradicionales son Coconut Grove, una de las mejores zonas residenciales y Overtown, el barrio tradicional negro. En el Downtown, al oeste de la ciudad, se ubica el distrito financiero, y al sur se encuentra el Coral Way, histórico barrio de los años 1920, con zonas verdes, arquitectura española y Art Decó. Miami cuenta también con un importante distrito artístico, Art Dicstrict, con calles repletas de galerías, boutiques de diseño y grafitis impresionantes que le dan un aire más informal al barrio. Y cómo olvidarse de la famosa Calle 8 de Little Havana, conocida por sus carnavales y por ser el centro de recreación y cultura cubana, muy presente en Miami, algo de lo que me gustaría hablar.

¿Quién no recuerda a Tony Montana (Al Pacino) en Scarface? Este cubano es el paradigma de muchos otros que emigraron a Miami en busca de su oportunidad, tras el triunfo de la Revolución cubana en el 1959.

Los primeros cubanos que llegaron a Miami fueron ciudadanos adinerados que se encargaron de crear la primera comunidad cubana en la ciudad. Pero a partir de los 80, cuando Fidel decide abrir las cárceles dejando huir a todos aquellos que quieran abandonar el país, es cuando se extiende el caso de Montana y Miami empieza a sufrir problemas de narcotráfico y mucha delincuencia.

En la misma época es cuando Sonny Crockett (Don Johnson) y su compañero entran en acción en la famosísima serie “Corrupción en Miami”. Esta pareja de policías de la brigada anti-vicio dedicaron sus esfuerzos a resolver la problemática en el Miami de los 80, impresionándonos a todos con sus Ferraris y su glamour.

Pero lo que sorprende en esta ciudad no son ni los Ferraris, ni el glamour, ni tampoco todos los cubanos, es la fusión de todo ello: historia, rascacielos, playas, discotecas y gente siempre sonriente. Muchos americanos menosprecian la ciudad llamándola “latina”. Tal vez no sepan apreciar la diversidad, el color y la magia de esta ciudad que no es latina sino bilingüe.

I love New York

La imagen de la izquierda es ya su icono, un símbolo internacional que muchas ciudades han copiado pero sin el mismo éxito, y es que nadie logra competir con ella. Nueva York es incomparable, es la capital del mundo, ¿quién no “ailovia” Nueva York?

Al llegar a la ciudad te das cuenta de que es distinta, nada parecida al resto de Estados Unidos. Aquí no hay sólo americanos, aquí hay new yorkers.

Un new yorker es una persona moderna, abierta, interesante y, probablemente, con un andar peculiar. Sea de la raza que sea o tenga la edad que tenga, sabrás que es uno de ellos, uno de los que ha encontrado su oportunidad en una ciudad que promete para todos.

Nueva York es de todos, ese es su encanto. Ni siquiera la Estatua de la Libertad es americana, tiene nacionalidad francesa. Caminar por Nueva York es caminar por el mundo, especialmente si paseas por cualquiera de sus cinco distritos: Manhattan, Queens, Brooklyn, el Bronx y Staten Island, este último sin demasiado que ver, salvo un vertedero al que han ido a parar los restos de las Torres Gemelas.

Podrás viajar a Latinoamérica sólo con coger el metro y bajar en Harlem (Manhattan), al este del barrio encontrarás una comunidad puertorriqueña, dominicana, cubana y mexicana. Pero sin duda, Harlem es afroamericano. Harlem es color, comida sureña, música jazz y misas góspel los domingos. En el Lower East de Manhattan, antes un área poblada por la clase trabajadora, existe una importante comunidad judía rodeada de tiendas con identidad propia, buen lugar para regatear y comer delis judíos. Pero si te va más el curry y la magia hindú, Jackson Heights (Queens) es tu parada, donde turbantes y saris te reciben a todo color. Si lo tuyo son los tacones y quieres ser como Sarah Jessica Parker en Sex in the City, puedes darte un paseo por las tiendas de la quinta avenida e ir a tu apartamento de Brooklyn Heights.

Brooklyn es enorme, con más de dos millones y medio de habitantes, se convierte en el distrito más poblado de la ciudad. Aquí hay barrios para todos. Pero Williambsburg, es el más variado, donde conviven más culturas en armonía. Algo parecido a lo que sucede en Astoria, en Queens, donde residen muchos europeos.

Y no puedo olvidarme del ya conocido y aterrorizador Bronx. Tiros, pandillas y pistolas, eso es lo que muchos turistas creen que encontrarán. La fama que ganó el Bronx gracias (o por culpa) del cine no es tan aterradora como parece. Sí, este barrio es el que más zonas conflictivas presenta, especialmente en su parte sur, pero muchas otras donde pasear tranquilamente, descansar en sus jardines botánicos o visitar el mítico estadio de los Yankees. No creo que te acuchillen por ello, aunque yo, por si acaso, siempre lo he visto de día.

Estuve viviendo en Nueva York tres meses y al llegar de nuevo a la ciudad, me ha dado cuenta de lo poco que conozco. Nunca deja de sorprender, nunca dejas de encontrar en la ciudad que nunca duerme y que no para de crecer. Hoy he quedado con Rosa, mujer catalana que me ayudó durante mi estancia. Lleva viviendo aquí 28 años y ella me lo ha confirmado: “todavía no me conozco bien la ciudad”.

Ruta gratis con un newyorker

Conocer Nueva York es muy difícil. Si vienes de vacaciones seguramente te limites a hacer la ruta obligada: Empire States, Estatua de la Libertad, Rockefeller Center, Central Park, puente de Brooklyn, Wall Street, Times Square, etc, y muy probablemente, después de tanto metro, te apetezca sentarte y relajarte, por lo que entrarás al Starbucks más cercano (en cada esquina hay uno).
Pero tal vez no sepas que tienes otra opción mucho más atractiva: conocer New York de la mano de uno de sus ciudadanos, totalmente gratis. ¡Cómo me gustan las cosas gratis!

The Big Apple Greteer cuenta con más de 300 voluntarios neoyorkinos dispuestos a acompañarte y regalarte una ruta por los rincones más seductores de la ciudad. Además de dar respuesta a todas tus preguntas en más de 20 idiomas, podrás exponer tus propuestas, y a partir de ahí, escoger la ruta que más se adecue a tus intereses.

Sólo debes enviar un mail y concretar el día que quieres hacer la ruta a: visitrequest@bigapplegreeter.org

Un domingo en Manhattan

Nunca me gustaron los domingos. Domingo es sinónimo de pesadez y lentitud, todo se detiene, todo está cerrado y oscuro. Algunos relajados, otros resacosos y la mayoría poco provechosos. Los domingos son holgazanes, aburridos y grises, pero no en Nueva York. La Gran Manzana también desacelera su frenético ritmo semanal, pues algunas líneas de metro deciden no funcionar, pero no apaga sus luces, todo lo contrario, ofrece unos colores mucho más atractivos.

Esta mañana el sol brillaba más de lo normal y mi serotonina, muy satisfecha, se ha encargado de despertarme de buen humor. Ambas hemos decidido dar un paseo por Harlem, visita obligada de domingo en Nueva York. Este día el barrio de Harlem se viste con sus mejores galas para cantar góspel. Existen muchas iglesias que ofrecen misas exclusivamente para el turista, donde la duración acostumbra a ser de media hora. Pero a mí me ha pasado algo que no olvidaré en la vida: llegar tarde a la misa de turistas (a las once ya no tienes la opción de escuchar esas animadas canciones). Pero he decidido no darlo por perdido, he preguntado a una mujer (con pamela) si estaba a tiempo de ir a alguna iglesia del barrio. ¡Vente conmigo!- exclama encantada- ¡Yo voy a la auténtica misa góspel, esta sí te va a gustar!

No sé cómo resumir todo lo que he vivido durante esas tres horas de duración. Sí, sí, tres horas en primera fila, con los ojos como platos y con una timidez que hacía tiempo que no me visitaba. La misa ha empezado fuerte, con canciones alegres, energéticas y vivas, con palmas y aplausos. Yo iba pillándole el ritmo hasta que el nivel de energía ha ido aumentando para terminar en lo que me ha parecido una misa de heavy metal, o más bien un exorcismo de película. Gente llorando, con los ojos blancos, tirándose de los pelos, corriendo de arriba abajo, escupiendo y saltando como si de una competición de pértiga se tratase. En serio, no exagero. Ha venido incluso la ambulancia a buscar a un chico que imagino que lo estaba dando todo. No sé qué le ha pasado exactamente, pues durante esas tres horas no he articulado palabra. La mujer que tenía al lado me daba la mano para que saltase con ella y, al no saber cómo actuar, me he limitado a dar saltitos. Estaba en medio de un éxtasis colectivo, en primera fila, irme de ahí hubiera sido una falta de respeto y, sinceramente, me daba miedo. Así que después de tres horas rodeada de una devoción exagerada, Central Park era la mejor opción.
El domingo todos los ejecutivos van de sport y corren por este inmenso parque con unas deportivas a la última. El ambiente del Central Park es algo ambiguo, entre repelente y envidiable. Repelente y repulsivo porque da rabia verlos a todos perfectos, con un chándal conjuntado y con el último modelo Ipod sujetado por un brazalete que parece estar muy de moda. Y envidiable porque este es uno de los parques más bonitos y grandiosos que he visto jamás en medio de una ciudad. Un parque con el que todos parecen satisfechos, pues lo cuidan, lo respetan y lo visitan. Es realmente fascinante la cantidad de gente que hay los fines de semana, se respira felicidad, pero tal vez demasiado dulce.

Así que después de tanto azúcar, me apetecía algo más amargo: un buen café, un ristretto, concretamente. ¿Qué mejor que bajar en Spring Street y visitar Little Italy? Esta zona es una de mis preferidas en Manhattan, no sólo porque huela a pizza y a café, sino porque es dónde está la movida neoyorkina. Y no es para menos, pues ofrece un mix exquisito de todo lo que buscan los jóvenes: bares, cafeterías, restaurantes y tiendas exclusivas. No se trata de un área comercial como puede ser Soho, dónde ahí sólo se puede ir a gastar, Little Italy tiene un aire bohemio y encantador, con tiendas con estilo, con rollito. Al final no he tomado mi ristretto, he terminado en una cafetería brasileña con mucho color que ha preferido deleitarme con su especialidad, café com leite. Mmmmmm, qué espumoso.

Y mi domingo ha terminado en Times Square, las calles y luces que más sorprenden al llegar a Nueva York. Pantallas gigantescas, música y turistas fotografiando apresuradamente han conseguido que termine por cansarme y me vaya a dormir creyendo que este sí ha sido un domingo productivo.

American Slang

Sigo empeñada en hablar como ellos, o como mínimo en entender todo lo que dicen. La mejor opción para empezar a hacerlo es aprendiendo algunas de las palabras del lenguaje coloquial, el “slang” o “street talking” americano. He salido a preguntar cuál es la palabra favorita de los neoyorkinos. ¿Cuál es la tuya?





El ambiente senil de Las Vegas

Las Vegas huele a colonia Brumel y a puro, tiene un aspecto añejo, muy lejos del que presumía en su época gloriosa entre los 50 y 60.

Todos los grandes pasaron por Las Vegas, convirtiéndola en parada obligada del Star System de Hollywood, mitificándola. Las Vegas “tenía rollo”, era moderna, pujante, joven y cambiante.
Pero las actuaciones de Jerry Lee, Elvis Presley o Liberace quedaron atrás. Ahora es el turno de Celine Dion, David Cooperfield y Cher. ¿Cómo puede Cher seguir cantando? Eso, lamentablemente, ya no es joven ni moderno. Las Vegas ya no “tiene rollo”, ni siquiera sus casinos lo tienen, la mayoría se muestran avergonzados y humillados con esas moquetas rancias… ¡Qué horror!

El humo es el gobernante de la sala, y cuando lo respiras te das cuenta del ambiente enfermizo y contagioso en el que estás. Los jugadores, la gran mayoría abuelitos y abuelitas, no están pasándolo bien, sufren adicciones varias que el Casino les facilita: alcohol, hamburguesas baratas, máquinas que funcionan con sólo un céntimo y luz durante todo el día (como a las gallinas). Para ser un juego, no me parece nada divertido.

Aunque los intentos de remodelar Las Vegas han sido varios, no han servido de mucho. Ahora lo más “cool” y divertido de la ciudad son las fiesta matutinas en las piscinas del hotel. No quiero ni imaginarme la cantidad de silicona que debe haber por ahí… ¿Creéis que Cher asiste a algunas de esas fiestas? Lo más glamouroso ahora son los nuevos hoteles, que a partir de los 90 empezaron a competir para ser el más grande del mundo. Derrochar dinero es el concepto que reina en la ciudad. Da igual si el hotel no cubre ni la tercera parte de su capacidad, si tiene 5.000 habitaciones, mejor que mejor. Es una rivalidad constante, algo que resumiría como “a ver quién la hace más grande”. Y es que a los americanos les encanta parecer grandes, pero sólo logran eso, parecer.

No voy a negar que Las Vegas impresiona, todo es enorme, los hoteles parecen parques temáticos con centros comerciales y boutiques, pero todo se limita a eso, consumir y consumir. No tienes elección, para moverte necesitas incluso llenar el depósito, porque será imposible dar un paseo. No hay cultura, no hay felicidad, todo lo que ves es artificial, desde la Esfinge y la Torre Eiffel hasta la sonrisa de los camareros.

Y puestos a ver cosas artificiales y petardas, que me ofrezcan algo transgresor e innovador. ¡No quiero ver a Cher o a Celine Dion! Que me traigan a Paris Hilton, que seguramente con ella el entretenimiento está más asegurado. Y esta es la ciudad del entretenimiento, ¿no?

Pues eso, que Las Vegas se ponga las pilas, necesita un cambio de look.

Surfeando en Beverly Hills

CouchSurfing.org es el portal internacional de mochileros del mundo. Esta página web no para de crecer superando ya los dos millones de miembros. Algo bueno debe ofrecer, ¿no?
Este portal ofrece un servicio de hospitalidad en línea, donde los miembros pueden localizar contactos en todo el mundo y quedarse en sus “sofás” o habitaciones, de forma totalmente gratuita. ¡Sí, hay gente encantadora y desinteresada por el mundo! Los que buscan alojamiento son los surfers, mientras que los que lo ofrecen son los couchers. Puedes formar parte de un grupo o de los dos, pero antes de empezar a usar la página debes crear tu perfil.

Los anfitriones pueden seleccionar las condiciones que ofrecen (cama, sofá, café…). Para evitar problemas de seguridad las cuentas se verifican mediante un depósito a modo significativo. Los usuarios pueden dejar comentarios en el perfil de su coach o de su surfer, respectivamente. De modo que si algún comentario es negativo, el afectado no lo puede borrar y queda abierto al público.
Pero el servicio no se ciñe únicamente al alojamiento, los usuarios pueden ofrecer también un servicio turístico, como puede ser una ruta en su ciudad o bien un café para conversar con alguien del lugar.

De esta forma, el viajero, además de ahorrarse el hostal, puede conocer mejor la cultura y la ciudad que visita de la mano de su coucher.

La página web es todo un mundo: existen grupos según aficiones, debates, eventos, reuniones y fiestas varias que organizan los embajadores, voluntariados y ofertas de trabajo más que interesantes.

Yo de momento ya soy una surfer, y gracias a esta página estoy cerca de 90210. Sí, sí ¿recordáis la mítica serie “Sensación de vivir”? Pues ahí estoy alojada, en Beverly Hills. Cuando mi coach me dio la dirección, me imaginé ser recibida por Brandon y Dylan, en una casa con piscina, rodeada de sus amigos musculosos con ferraris, música rap y caipiriñas varias. Pero no, duermo en un colchón en el suelo en el pequeño apartamento estudio de Carlos, un informático ecuatoriano. Más que suficiente. Gracias Carlos.

L.A Ciudad Maquillada

Hay ciudades idealizadas y con una fama inmerecida. Los Ángeles es  una de ellas. Sí, es uno de los mayores centros económicos y de entretenimiento del mundo, pero es una ciudad demasiado maquillada, muy superficial, llegando a ser una ciudad fea.

Los Ángeles alberga a las mejores industrias del espectáculo, música, cine, y televisión. Hollywood es la ciudad de las estrellas, la quimera de todo actor. Sí, pero sus calles parecen olvidadas y muy escasas del glamour que tanto presumen.

De hecho, Hollywood Boulevard (la calle de las estrellas) es casposa. El Teatro Kodak, donde los actores más internacionales van a recoger sus óscar, es un super centro comercial con tiendas que venden diademas, gorros y souvenirs baratos, realmente muy poco estilosos. No hay nada que hacer en Hollywood Boulevard, salvo fotografiar estrellas en el suelo. Por cierto, muchas de ellas sucias y maltratadas por el tiempo.  

La calle está llena flyeros que venden varias alternativas para conocer mejor la “ciudad de película”. Pero poco hay que ver en ella, además de edificios enormes y calles interminables con superficies  dedicadas a la comida rápida.  El Downtown de Los Ángeles es aburrido y grande. Da pereza pasear por él, porque seguramente no encuentres nada.   

Los Ángeles no tiene personalidad y se oculta tras sus enormes centros comerciales.  Sunset Boulevard y Santa Mónica Avenue sean, tal vez, las dos avenidas  más interesantes de la ciudad. En ellas existen tiendas más pequeñas y especializadas. Encuentras también algún restaurante rebelde que ofrece algo más que hamburguesas y alitas de pollo rebozadas. Sunset y Santa Mónica son jóvenes y cool.  Por la noche pasean los modernos de la city, la mayoría homosexuales. (En L.A hay una gran población homosexual, incluso más que en San Francisco). Y durante el día las calles parecen transformarse en un gimnasio imaginario. Varias mujeres caminan vestidas con el último modelo sport, sus mejores deportivas y mayas bien ajustadas, algunas incluso con cinta en la cabeza. Eso sí, todas ellas van con su batido doble de nata Starbucks en mano. ¿Contradictorio, verdad?

Lo único admirable y de película de esta ciudad son las casas y coches de Beverlly Hills, de escándalo. El coche y la casa que todos alguna vez hemos soñado está ubicado en West Hollywood, en el escenario de “90210: Sensación de vivir”.

Sinceramente, prefiero vivir en un piso humilde,  salir a la calle y tener algo más que hacer que ponerme mi mejor modelo para ir a comprar un simple batido de café o recorrerme la ciudad en el coche más fantástico. A Los Ángeles le falta originalidad y autenticidad, le falta vida, vida real.

Sabor californiano

¿Quién dijo que no existe gastronomía típica en  Estados Unidos?  En California, el producto estrella es el helado verde.  En Santa Cruz ya se comercializa uno con típico sabor californiano, sabor a marihuana.
Este helado es una alternativa para aquellos que no pueden dejar de fumar hierba. Los helados se venden sólo con receta médica y su precio es de 15 dólares. ¡Por ese precio me compro cuatro Häggen Dazs de nueces de macadamia!  
Entre los sabores favoritos destacan los de Banannabis Foster, Straw-Mari Cheesecake y Triple Chocolate Brownie.

Pero si lo vuestro no son los helados, no os preocupéis. La marihuana en Los Ángeles está al alcance de todos y ya es legal para uso médico en todo el estado de California. Por las calles hay muchísimas tiendas que venden  esta hierba. El comprador sólo necesita una receta médica, algo bien sencillo de conseguir. En las playas de Venice o Santa Mónica, por ejemplo, existen puestos de “recetas rápidas”. Es tan sencillo como ir e inventarte cualquier mal. Ansiedad, insomnio, ¡cualquier excusa es válida! Los encargados de hacer “recetas falsas” son unos genios en el terreno y  justificarán, sea como sea, tu necesidad de consumir esta milagrosa y terapéutica hierba. 
Y es que la marihuana tiene mucho protagonismo en este estado al oeste del país. El próximo 2 de noviembre los electores de California se pronunciarán sobre una propuesta para autorizar el cultivo, transporte y venta de marihuana.

¿Necesitará Arnold Schwarzenegger alguna receta para su próximo Terminator? Este sexagenario Gobernator  ha confesado su intención de volver al cine. Esperemos que sólo sea una alucinación provocada por esta hierba.

Eat, Pray, Love

La sede de la industria cinematográfica está en Los Ángeles, así que hoy me he permitido hacer un cine. Pero no creáis que os voy a adelantar algún estreno. En vez de aprovechar y avanzarme a todos vosotros, (aquí ya hay películas que un par de meses llegarán a España), he decidido ir al único cine de Hollywood , y creo que el más cutre de la zona, que todavía emite “Eat, pray, love”, con Julia Roberts y Bardem. (El estreno en Estados Unidos fue en agosto).

Sabía que la película no me iba a gustar tanto como el libro, pero quería verla de todos modos. El libro de Elizabeth Gilbert me pareció un relato increíble, sincero y un ejemplo de todos los viajeros que salimos en busca de algo más. Este libro me lo leí antes de ganar el concurso de Shandy Cruzcampo, mientras estaba de viaje en Tailandia rumbo a Indonesia. Tal vez por ello me marcó y me gustó tanto. Aunque, también hay que tener en cuenta que al libro no le quedaba otra opción: debía “ser bueno” o hacerse popular, pues la autora consiguió que se lo pagaran por adelantado.

Gilbert se envalentona y se desnuda ante el lector, mostrándole sus miedos e inseguridades. Lo hace cómplice llegándolo a convencer de que su decisión es la mejor. Decide emprender un largo viaje, olvidándose de los modelos impuestos. Engordará a base de pasta y pizza en Italia, rezará y meditará en un ashram indio y, definitivamente, se enamorará y encontrará el equilibrio gracias a un chamán indonesio.

Elizabeth Gilbert es divertida e irónica, mientras que Julia Roberts (Gilbert) pasa la mayor parte del tiempo llorando. (Eso sí, ¡qué bien llora Roberts!) Como ya es costumbre, el libro es muchísimo mejor que la película. Pero en él no se puede apreciar el acento de Javier Bardem, y realmente escucharlo en versión original no tiene precio.

On the road

California ofrece demasiado como para perdérmelo, así que por aquí me quedo. Mi siguiente destino era Las Vegas, pero como el póker, el Black Jack, la ruleta y demás jueguecitos no me interesan demasiado, he decidido apostar por algo más seguro. Una ruta en coche por el sur de California ha sido mi elección: de Santa Bárbara hasta Tijuana.
En los próximos seis días recorreré los lugares que definieron el famoso sueño californiano. Larguísimas playas llenas de surferos en Santa Mónica y Malibú, temperaturas cálidas, espectaculares atardeceres sobre el Pacífico y tierra de buenos vinos ¡casi como en casa! La llamada Costa azul americana me espera.

Tras visitar San Diego, otra ciudad con sabor casi mediterráneo, avanzaré pocos kilómetros para conocer la pintoresca Tijuana y saborear auténticos burritos y fajitas mejicanas. Tras darle alegría a mi estómago, deberé poner rumbo hacia la capital mundial del entretenimiento, Las Vegas , un par de días serán más que suficiente.
A lo Thelma y Louise conduciré rectas infinitas para adentrarme en el desierto de Nevada, eso sí, sin Louise (he decidido ser Thelma ,Geena Davis, por razones obvias) y sin rastro de sangre, lo prometo.
Así que si estos días estoy un poco más ausente no creáis que estoy siendo perseguida, ni metida en cualquier lío, simplemente me habré perdido o estaré sin conexión en un motel del desierto.

See you later, aligator!

Pon acento yankee

Este es un consejo práctico para todos aquellos que visitéis Estados Unidos. No basta con hablar inglés, debéis esforzaros al máximo para que vuestro acento sea lo más similar posible al americano. Siempre he pensado que una patata en la boca puede ser un ejercicio exitoso. Y es que si no practicáis, podéis ser malentendidos.
Un par de anécdotas que me han pasado en este país:

- En la cadena norteamericana de restaurantes Friday’s pedí un Nestea y pregunté si tenían Wiffi. El camarero me dijo que sí y se fue, por lo que entendí que me traería la contraseña. A los pocos minutos aparece con mi Nestea y con una copa de vino blanco. “¿Qué es esto?”, le pregunto. “La copa de vino blanco que me pediste”, responde seguro de sí mismo. (Wiffi, se pronuncia algo así como “Waifai” y el camarero entendió “White Wine”). Después de unas risas, se llevó el vino. Si el Nestea ya me costó 5 dólares, imaginad el vino… y no, no tenían “Waifai”.

- Paseando por Queens, en Nueva York, entré en un establecimiento a preguntar por una librería. El chico que me atendió empezó a decirme todas las combinaciones posibles de bus, metro e incluso ferry. Lógicamente, no podía ser que no hubiera ninguna más cercana. Pero el americano aseguró que sólo había una en toda la ciudad de Nueva York. ¿Cómo va a haber una única librería en una de las ciudades más grandes del mundo? Efectivamente, no sólo hay una, pero volví a ser malentendida. El chico me enviaba a la Estatua de la Libertad. (“Library” se pronuncia “Laibrari” y él entendió o yo pronuncié algo más parecido a “Liberty”, el nombre de la famosa estatua)

Definitivamente, debo mejorar mi inglés y, especialmente, mi acento yankee.