Sin eÑe: Helsinki
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United Buddy Bears

Pasando con el tranvía por delante de la plaza del Senado de Helsinki, una multitud de osos de colores me llamó la atención. Imaginé que era una exposición, así que bajé a comprobarlo.


Los United Buddy Bears son más internacionales que mi vuelta al mundo. Aparecieron por primera vez en Berlín, en la exposición de 2002, y han visitado ya los cinco continentes, con un total de 17 exposiciones a sus grandes espaldas.

Los 140 osos, todos de dos metros de altura, simbolizan los estados reconocidos por las Naciones Unidas. Todos ellos están dándose las manos, promocionando la hermandad, el arte de la tolerancia y el entendimiento entre los pueblos.
Los osos han sido diseñados por un artista de cada país, contribuyendo así a una exposición de arte colectivo e internacional. Se puede ver al oso Estatua de la Libertad (Estados Unidos), al oso que fuma un puro (Cuba) o bien al oso con cocodrilo (Paraguay). Tenía curiosidad por ver el oso que nos representaba. Me alegré al no verlo vestido de faralae o torero. Tampoco comía paella. El diseñador encargado del oso español fue Eusebio Pradas, quien decidió pintarlo al más puro estilo Gaudí, la figura más internacional de la arquitectura catalana.

Esta exposición llena de color y unidad tiene como objetivo ayudar a los niños necesitados. Las recaudaciones se obtienen a través de los actos caritativos dónde se subastan los osos. También existe la posibilidad de comprarlos al tamaño preferido (1 o 2 metros). Todos los beneficios se destinan a UNICEF y a otras organizaciones locales de ayuda a los niños. Hasta junio de 2010 el total recaudado ascendía a 1.614.000 euros.

El 26 de octubre los osos dejan la capital finlandesa, pero no sé hacia dónde se dirigen. Ojalá me los vuelva a encontrar por sorpresa. Aunque siempre podré hacerles una visita en su página web:



La fortaleza de Frodo Bolsón

Uno de los orgullos culturales de Finlandia es la isla de Suomenlinna, situada en la bahía de Helsinki, a unos 12 minutos en ferri. Esta fortaleza fue construida en el s.XVIII para defender al país de la invasión rusa.


Al pasear por la isla me pareció estar en un parque temático. Está repleta de cañones, barracones y murallas. Se puede incluso entrar a los antiguos refugios de la fortaleza. ¡Uhhh! A todo ello hay que añadirle que me crucé con un grupo de actores, que se dirigía al museo histórico de la isla, vestidos de militares del siglo XVIII. Así que con un poco de imaginación te ves entre fuego cruzado.
Al llegar a la zona sud, el escenario cambió radicalmente y sus colinas de césped con chimenea y pequeñas puertas me transportaron a ¨La Comarca de los Hobbits¨. Me pareció ver la casa de Frodo Bolsón, protagonista de “El Señor de los Anillos”, pero resultó ser un habitáculo camuflado para alojar a la guardia.


Esta fortaleza que en 1991 fue incluida en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO es actualmente un lugar perfecto para escapar de la ciudad. Se respira tranquilidad, no existen calles asfaltadas, semáforos, ni cajeros automáticos. Sus construcciones, antes utilizadas como barracones y casas de oficiales, ahora se han convertido en tiendas de artesanía, cafeterías, museos y viviendas.

"Vamos dentro"

Después de visitar un total de ocho ciudades europeas tal vez me haya vuelto un poco exigente, pero Helsinki no me gusta. Todas las ciudades visitadas me han sorprendido con sus paisajes únicos, pero Helsinki no me ha regalado mucho más que frío. Esta ciudad es gris, triste, sin ambiente en sus calles y no demasiado acogedora, de hecho sólo dispone de cuatro hostales. La capital finlandesa es introvertida, fría y callada. Sus edificios parecen entristecidos y sus calles, sin terrazas, se sienten solitarias y poco queridas.

Si a principios de septiembre ya está a 9 ºC y se respira este ambiente, imaginad a mediados de enero que puede llegar incluso a -30ºC. Helsinki no se relaciona mucho con sus ciudadanos ni con sus turistas, nadie se lo permite. Todo el mundo está dentro.” Vamos dentro, a algún lugar acogedor y con calefacción”. Por ello, se presenta como funcional y básica. Está ahí, pero nada la hace especial.

Uno de mis mejores amigos de Barcelona ahora está en Helsinki. Me alegró pensar que sería él quien me descubriría los lugares “bonitos”. Quedé con Èric y me presentó la zona más “cool” de Helsinki, Kallio.

Este distrito sería el sinónimo de El Born (Barcelona), Trastevere (Roma) o Taksim (Estambul). Sí, Kallio también posee esa atmósfera artística y bohemia que hace de estos distritos los más modernos y juveniles, pero no se ve, no se nota. Debes entrar en sus bares para comprobar que tienen personalidad y se alejan del insípido centro. Pero desde fuera nada te lo demostrará.

Nos decidimos por Pulmu, un bar pequeño con luz tenue, sofás acogedores y decorado con imágenes deportivas de los setenta. Tomamos un café bien caliente mientras la mayoría de finlandeses bebían cerveza. Allí conocimos a Daniel, quién nos explicó más sobre el barrio.

La mayoría de los clientes de Pulmu son treintañeros de la zona que se reúnen para tomar algo y escuchar música en directo, aunque más de uno sólo para emborracharse. Daniel comenta que en Finlandia existen serios problemas de alcoholismo y lo atribuye al clima, lo que más detesta de su país.

Explica que Kallio es el lugar deseado por los estudiantes y jóvenes trabajadores porque hay variedad: existen numerosos restaurantes orientales, bares con buena música, centros de masaje tailandés y varios locales de prostitución, lo que provoca que siempre haya policía por la zona. Las viviendas son pisos pequeños habitados mayoritariamente por intelectuales, en Kallio se ubica la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki y el Museo de Arte Moderno.

Disc Golf

Helsinki es una ciudad que urbanísticamente se extiende en una gran área formada por el centro más cercano al puerto y distintos barrios residenciales que cuentan con servicios básicos. En estas zonas alejadas del centro de la capital finlandesa –a unos 40 minutos en autobús- es importante crear nuevas opciones de ocio para sus habitantes, especialmente para los más jóvenes. Por ello nace el Discgolf, un juego que mezcla el frisbee y el golf.


En los extensos campos de hierba verde de estos suburbios residenciales de la capital, esta forma de ocio se ha popularizado en los últimos años. El juego, que sólo se puede practicar en verano dado las bajas temperaturas de los meses de invierno, presenta una estructura muy similar al golf. Así pues, a través de las llanuras y pequeñas colinas encontramos diferentes canastillas metálicas que se emplean como hoyos. Los jugadores empiezan el juego a unos cien metros del objetivo y lanzan diversas veces el frisbee hasta colarlo en la cesta. Aprovechando los últimos días de un verano que ha sido especialmente caluroso, pero que parece ya haber desaparecido, decenas de finlandeses pasan las horas divirtiéndose con este juego al que nosotros estaríamos más habituados a jugar en la playa. Una actividad que sirve, a la vez, para animar estos silenciosos barrios dormitorio en los que la gente vive manteniendo una estrecha relación con la naturaleza.



Delicioso suicidio en grupo

Finlandia es uno de los países que mayor número de suicidios registra en el mundo. Tal vez sea por la falta de luz, por el frío o bien por el alcoholismo. O puede, simplemente, que a los finlandeses les parezca una deliciosa solución cuando están en un momento crítico.


Arto Paasilinna es un escritor finlandés que ha conseguido causar furor en su país con cada uno de sus libros. “Delicioso suicidio en grupo” (Hurmaava joukkoitsemurha) es probablemente una de sus novelas más agresivas. Con su sarcasmo característico, reconvierte el drama social del suicidio en una afición nacional. Sus protagonistas son gente con una aparente vida normal pero no quieren postergar más su muerte.

La novela empieza con un empresario en crisis que intenta suicidarse. Unos ruidos le impiden hacerlo y es entonces cuando se encuentra con un coronel sobre una silla tambaleante intentando ahorcarse. Ambos personajes han fallado en su primer intento y por ello renuncian a su propósito. Crean una fuerte amistad intercambiando los motivos que los han llevado a esa trágica decisión.

Pero al parecer en Finlandia hay mucha gente dispuesta a suicidarse, así que es entonces cuando los dos amigos deciden crear una “asociación de aspirantes a suicidas”. Las cartas que reciben a diario son muchísimas, la asociación va viento en popa. Pero no es fácil decidir cómo llevar a cabo un suicidio colectivo. Finalmente, un modernísimo autobús con unas treinta personas recorre media Europa para encontrar el lugar ideal para precipitarse al vacío.

La novela es divertidísima y la variedad de personajes más que jugosa. No se trata de una novela contra el suicidio, Paasilinna le quita importancia al acto llegándolo a ridiculizar.

Esta novela fue llevada al cine por el director finlandés Ere Kokkonen en el año 2000 pero lamentablemente no se ha comercializado en España. Aunque, como dicen, los libros siempre son mejores.
Antes de suicidaros os recomiendo leer este libro. Así, como mínimo, os aseguráis morir después de algunas risas.