¡Ciao! Ya estoy en la bella Italia. Creo que en tan sólo dos días he logrado recuperar el peso perdido en mis anteriores destinos. Mamma mía, la pasta, la pizza, il gelatto! Sólo de escribirlo me entran ganas de ir a por otro. Dicen que el helado favorito de Juan Pablo II era el de castaña. Yo he preferido el de mora y, perdón por repetirme, ¡Mamma mía!
Al llegar a la capital italiana me invadió la decepción. Respiré una ciudad sucia, fea, olvidada, gris y salpicada de grafitis inexpresivos.
Creo que hay muchas Romas. La de ayer fue la Roma de Berlusconi, quien el año pasado aseguró que: “es una lástima pasear por ciudades italianas como Roma y ver que por la suciedad de las calles parecen ciudades africanas más que europeas”.
Hoy he visto varias. Como ya habéis podido comprobar, he descubierto la Roma gastronómica. Reconozco que la cocina italiana tiene más que merecido su protagonismo internacional. Al visitar el Coliseo he revivido la Roma de Gladiator, con Russell Crowe como guía turístico, pero el pobre tenía tanto trabajo que su intervención ha sido breve. Paseando por la Via Margutta han aparecido ellos, Audrey Hepburn y Gregory Peck, en sus Vacaciones en Roma, circulando en vespa por la Roma romántica. No demasiado lejos, cerca de la Piazza di Spanga, en la Via Condotti, el señor Armani me invitaba a entrar en las tiendas con más glamour de la ciudad.
Me quedan todavía muchas Romas por descubrir, pero de momento, la más real de todas ha sido la de Federicco Moccia. Me quedo con la imagen de Babi y Step (protagonistas de la novela “A tres metros sobre el cielo”), recorriendo las calles romanas a toda velocidad. Se trata de una ciudad joven, actual, viviendo simplemente en el presente.
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Tre metri sopra il cielo
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Nunca es tarde para ser gladiador
O al menos en Roma. La ciudad eterna no quiere perder su pasado imperial y ofrece la posibilidad de revivir aquellos tiempos bélicos.
La asociación Gruppo Storico Romano, fundada en 1994, cuenta con un museo donde se puede ver toda la indumentaria y complementos de los gladiadores: cascos, escudos, espadas… Pero lo mejor de todo, y lo más divertido, es que ofrece cursos para aprender a luchar como ellos.
Se pueden inscribir tanto hombres como mujeres y los únicos requisitos son presentar un certificado médico demostrando que no se padece ninguna enfermedad, hacer la inscripción y pagar una cuota de 25 euros al mes durante los cuatro primeros meses. A partir de entonces la oferta se rebaja a 5 euros mensuales. Toda una oportunidad para competir con Kirk Douglas o Russell Crowe.
Si os animáis, aquí os dejo el link y la dirección de la escuela:
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Detrás del Tíber
Como sucede en muchas ciudades, el antiguo barrio humilde y olvidado da un giro para convertirse en la zona turística con más encanto de la ciudad. Eso mismo le sucedió a Trastevere (detrás del Tíber). El que fue el barrio marginal sirio y judío de la capital italiana cambió a finales de la Segunda Guerra Mundial para ser hoy el distrito con más magia de Roma.
Este pintoresco barrio le debe gran parte de su encanto a la Piazza Santa María. Su Basílica, del mismo nombre, y su fuente octogonal del siglo XVII son un destacado punto de encuentro para romanos y turistas.
Sus calles laberínticas, adoquinadas y repletas de coquetas terrazas te permiten saborear la auténtica noche romana. Como en cualquier laberinto resulta fácil perderse, pero eso lo hace todavía más especial. Seguro que, entre sus rincones escondidos, te tropiezas con algo sorprendente; tal vez una tienda, un monumento, una galería de arte o, simplemente, un local encantador.
Si vas a Roma debes ir a Trastevere, cenar en una de sus muchísimas terrazas, apreciar el bellísimo acento italiano, tomar unas copas, caminar sin rumbo y, antes de irte a dormir (si no te has perdido) tomar unas fotos de la Piazza Santa María iluminada. Eso es lo que hice yo y te lo recomendaré tantas veces como quieras.
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