Sin eÑe: Los Ángles
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Eat, Pray, Love

La sede de la industria cinematográfica está en Los Ángeles, así que hoy me he permitido hacer un cine. Pero no creáis que os voy a adelantar algún estreno. En vez de aprovechar y avanzarme a todos vosotros, (aquí ya hay películas que un par de meses llegarán a España), he decidido ir al único cine de Hollywood , y creo que el más cutre de la zona, que todavía emite “Eat, pray, love”, con Julia Roberts y Bardem. (El estreno en Estados Unidos fue en agosto).

Sabía que la película no me iba a gustar tanto como el libro, pero quería verla de todos modos. El libro de Elizabeth Gilbert me pareció un relato increíble, sincero y un ejemplo de todos los viajeros que salimos en busca de algo más. Este libro me lo leí antes de ganar el concurso de Shandy Cruzcampo, mientras estaba de viaje en Tailandia rumbo a Indonesia. Tal vez por ello me marcó y me gustó tanto. Aunque, también hay que tener en cuenta que al libro no le quedaba otra opción: debía “ser bueno” o hacerse popular, pues la autora consiguió que se lo pagaran por adelantado.

Gilbert se envalentona y se desnuda ante el lector, mostrándole sus miedos e inseguridades. Lo hace cómplice llegándolo a convencer de que su decisión es la mejor. Decide emprender un largo viaje, olvidándose de los modelos impuestos. Engordará a base de pasta y pizza en Italia, rezará y meditará en un ashram indio y, definitivamente, se enamorará y encontrará el equilibrio gracias a un chamán indonesio.

Elizabeth Gilbert es divertida e irónica, mientras que Julia Roberts (Gilbert) pasa la mayor parte del tiempo llorando. (Eso sí, ¡qué bien llora Roberts!) Como ya es costumbre, el libro es muchísimo mejor que la película. Pero en él no se puede apreciar el acento de Javier Bardem, y realmente escucharlo en versión original no tiene precio.

Pon acento yankee

Este es un consejo práctico para todos aquellos que visitéis Estados Unidos. No basta con hablar inglés, debéis esforzaros al máximo para que vuestro acento sea lo más similar posible al americano. Siempre he pensado que una patata en la boca puede ser un ejercicio exitoso. Y es que si no practicáis, podéis ser malentendidos.
Un par de anécdotas que me han pasado en este país:

- En la cadena norteamericana de restaurantes Friday’s pedí un Nestea y pregunté si tenían Wiffi. El camarero me dijo que sí y se fue, por lo que entendí que me traería la contraseña. A los pocos minutos aparece con mi Nestea y con una copa de vino blanco. “¿Qué es esto?”, le pregunto. “La copa de vino blanco que me pediste”, responde seguro de sí mismo. (Wiffi, se pronuncia algo así como “Waifai” y el camarero entendió “White Wine”). Después de unas risas, se llevó el vino. Si el Nestea ya me costó 5 dólares, imaginad el vino… y no, no tenían “Waifai”.

- Paseando por Queens, en Nueva York, entré en un establecimiento a preguntar por una librería. El chico que me atendió empezó a decirme todas las combinaciones posibles de bus, metro e incluso ferry. Lógicamente, no podía ser que no hubiera ninguna más cercana. Pero el americano aseguró que sólo había una en toda la ciudad de Nueva York. ¿Cómo va a haber una única librería en una de las ciudades más grandes del mundo? Efectivamente, no sólo hay una, pero volví a ser malentendida. El chico me enviaba a la Estatua de la Libertad. (“Library” se pronuncia “Laibrari” y él entendió o yo pronuncié algo más parecido a “Liberty”, el nombre de la famosa estatua)

Definitivamente, debo mejorar mi inglés y, especialmente, mi acento yankee.